En medio del aumento de hechos violentos en el país, paramédicos que están en primera línea ya se ven obligados a comprar, con su propio sueldo, chalecos antibalas y equipos de protección para poder cumplir su labor. El caso de Paúl Torres, paramédico del Hospital del IESS en Cuenca, quien atendió una emergencia con personas involucradas en un hecho violento, evidencia la urgente necesidad de que el Estado garantice seguridad al personal de salud prehospitalario.
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