Las veredas en los alrededores del mercado 10 de Agosto están ocupadas por ventas informales. Esta situación refleja tres realidades: la necesidad económica de quienes venden en la calle, la disminución de clientes en los centros de abasto formales y el riesgo para peatones que deben desplazarse hacia la vía vehicular. Pese a los controles, el problema persiste.