La tensión política y ambiental en el Azuay ha escalado a nuevos niveles tras las recientes declaraciones de la empresa pública ETAPA EP. En un escenario marcado por la incertidumbre, el proyecto minero Loma Larga vuelve al centro del debate público tras las denuncias de presuntas represalias institucionales contra quienes lideran la defensa de las fuentes hídricas en Cuenca. A pesar de que la justicia ambiental ha dictado medidas cautelares y procesos de revocatoria, el futuro de los páramos de Quimsacocha sigue siendo una preocupación latente para los habitantes de la zona austral del Ecuador.
El rol de ETAPA EP y las denuncias de represalias
La Empresa de Telecomunicaciones, Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento de Cuenca (ETAPA EP) ha mantenido una postura firme y técnica en contra del proyecto minero Loma Larga. Esta oposición no es un capricho administrativo, sino que responde a la necesidad técnica de proteger las zonas de recarga hídrica que abastecen a más de medio millón de personas.
Recientemente, las autoridades de la empresa han denunciado lo que consideran una persecución administrativa y financiera por parte de entes gubernamentales, específicamente del Ministerio de Ambiente, Agua y Transición Ecológica (MAATE). Según los informes, estas presiones buscan debilitar la capacidad de gestión de ETAPA en el área de Quimsacocha, dificultando su labor de monitoreo ambiental. Esta situación ha encendido las alarmas en el Concejo Cantonal de Cuenca, donde se discuten mecanismos legales para blindar a la empresa frente a injerencias externas que priorizan la extracción minera sobre el derecho humano al agua.
Estado legal: ¿Por qué el proyecto minero Loma Larga está frenado?
La viabilidad del proyecto minero Loma Larga se encuentra actualmente en un limbo jurídico debido a una serie de fallos judiciales que han dado la razón a las comunidades locales. El punto de quiebre fue la sentencia que determinó la vulneración del derecho a la consulta previa, libre e informada de las comunidades indígenas que habitan en la zona de influencia del proyecto.
Aunque la licencia ambiental fue suspendida, los colectivos en defensa del agua advierten que esta medida podría ser temporal. La empresa concesionaria ha intentado por diversas vías legales retomar sus actividades, argumentando que el proyecto es estratégico para la economía nacional. Sin embargo, para los cuencanos, el resultado del Referéndum por el Agua de 2021 dejó claro que la minería metálica en zonas de recarga hídrica no tiene licencia social ni política en el cantón.
Riesgos ambientales en el páramo de Quimsacocha
El ecosistema de páramo es extremadamente frágil. El proyecto minero Loma Larga pretende asentarse en una zona donde se originan ríos fundamentales para el sistema hidrográfico regional. La extracción de oro y cobre en estas altitudes implica un riesgo de drenaje ácido de mina, lo que podría contaminar los acuíferos de manera irreversible.
Los expertos ambientales de la Universidad de Cuenca y técnicos de ETAPA han señalado que cualquier alteración en la estructura del suelo del páramo afecta su capacidad de retención de agua. Esto no solo afectaría el consumo humano, sino también la soberanía alimentaria de las zonas rurales que dependen del riego para sus cultivos. La defensa de Quimsacocha es, en esencia, la defensa de la supervivencia económica y biológica de la zona austral del país.
El pulso entre el Gobierno Central y los colectivos sociales
La pugna por el proyecto minero Loma Larga también refleja una desconexión profunda entre las políticas extractivistas del Gobierno Central y las necesidades locales. Mientras el Ministerio de Energía y Minas ve en Quimsacocha una fuente de ingresos fiscales, los colectivos sociales y las autoridades locales de Cuenca ven una amenaza directa a su modelo de desarrollo sostenible.
La incertidumbre sobre el futuro del proyecto ha generado una movilización permanente. Organizaciones como el Cabildo por el Agua y la Unión de Sistemas Comunitarios de Agua del Azuay han manifestado que no permitirán el ingreso de maquinaria, sin importar las promesas de compensación económica que ofrezca la empresa minera. Para estos grupos, la cancelación definitiva del proyecto es la única salida aceptable para garantizar la paz social en la región.

Hacia una resolución definitiva del conflicto minero
El escenario futuro para el proyecto minero Loma Larga depende de la firmeza con la que se apliquen las leyes ambientales y el respeto a la voluntad ciudadana. La comunidad internacional también ha puesto los ojos en Cuenca, observando cómo un gobierno local y su empresa pública de agua se enfrentan a gigantes mineros para preservar un ecosistema vital.
Es imperativo que el diálogo se traslade a escenarios técnicos transparentes, donde la evidencia científica sobre el impacto en los humedales prevalezca sobre los intereses corporativos. Mientras tanto, la ciudad de Cuenca se mantiene vigilante, recordando que el agua es un recurso finito y que la protección de Quimsacocha es una herencia irrenunciable para las próximas generaciones de ecuatorianos.